Las 4 diferentes acciones que podemos ejecutar

En una primera mirada encontramos las acciones directas y las reflexivas. Las acciones directas son aquellas que ejecutamos en un determinado espacio y con una intensión definida; mientras que entendemos por acción reflexiva, cuando actuamos sobre la acción directa.

La acción reflexiva interviene en el sentido de lo que estamos haciendo, en consecuencia, puede contribuir a expandir o modificar la acción directa mejorando los resultados obtenidos. Al reflexionar podemos incrementar el poder de nuestra narrativa y consecuentemente, el sentido de nuestras acciones. Al recurrir a la acción reflexiva podemos incrementar nuestra efectividad a nivel de las acciones directas.

Reflexionamos para examinar y eventualmente ampliar horizontes de posibilidades. Desde nuestros horizontes es que podemos ver un mayor o menor número de posibilidades en el cual activarnos. La reflexión nos permite inventar lo posible.

La reflexión también nos permite diseñar; ya que diseñar es una acción que busca mejores vías de utilización de los medios para lograr nuestros fines. Existen dos tipos de acciones asociadas al diseño. La planificación y la estrategia. Al hablar de planeación aludimos al diseño de acciones al interior de un espacio donde lo central es el uso eficiente de los recursos para alcanzar un determinado objetivo.

Reflexionamos para examinar y eventualmente ampliar horizontes de posibilidades.

Al hablar de estrategia las condiciones son muy diferentes, ésta emerge como una forma de diseñar nuestras acciones bajo condiciones de acción reciproca. Esta vez el centro de atención no es el uso eficiente de los medios, sino las acciones que pueden tomar otros agentes con capacidades autónomas, afectando la eficiencia de nuestras propias acciones. Ello implica que nuestras acciones requieren poder anticipar las acciones y ser diseñadas en consecuencia, a la vez que las acciones de los otros también procuran anticipar las nuestras y son diseñadas en consecuencia.

La acción reflexiva tiene sentido porque aumenta el poder de la acción directa. Es una acción que siempre debe regresar al nivel de la acción directa en la cual se originó, pues es allí donde logra validarse. Uno de los problemas de la acción reflexiva es que corre el riesgo de perder su vinculo de eficacia con la acción directa a la cual debe servir. Muchas veces la acción reflexiva se autonomiza perdiendo el punto de vista con la acción directa; esto es lo que a menudo el sentido común expresa “deja de hablar (o de pensar) y actúa”.

Al hablar de acciones (además de la acción directa y reflexiva) podemos distinguir las acciones contingentes y recurrentes. Al hablar de acción contingente lo hacemos para describir la acción que se genera cuando no disponemos de forma establecida de actuar, por lo tanto, no hay cánones establecidos para actuar.

La acción recurrente es la forma de hacernos cargo de nuestras inquietudes y motivaciones. Para hacer esto, las comunidades humanas han creado una serie de acciones que se ejecutan de manera recurrente. Una características de estas practicas sociales es que se hacen de forma transparente. La gente hace las cosas en la forma establecida sin siquiera pensar en las acciones que realiza.

Esto trae luces y sombras; en su aspecto positivo, las practicas sociales nos permiten alcanzar un determinado nivel de efectividad, al tiempo que permanecen en el trasfondo de nuestras acciones.

En su aspecto negativo, las practicas sociales se tornan transparentes, solemos perder nuestra capacidad de observación, nos acostumbramos tanto a hacer las cosas de la manera establecida que suponemos que esa es la única forma de hacerlo. Las prácticas sociales generan ceguera, al estar enclavados en las prácticas sociales pueden a menudo debilitarnos y disminuir nuestra capacidad de crecer, de aprender e innovar.

Uno de los grandes favorecidos de las prácticas sociales han sido las organizaciones, éstas se benefician del poder que tienen las prácticas sociales; el hecho de tener a muchos individuos operando transparentemente de una manera consistente conlleva muchas ventajas. Una organización con pocas prácticas sociales gastará una mayor cantidad de tiempo y dinero en hacer lo que otra ejecutará casi sin esfuerzo.

Hay mucho que ganar diseñando prácticas sociales que permitan una mejor coordinación de acciones entre los que trabajan juntos. Pero al mismo tiempo esta práctica puede convertirse en una poderosa fuerza conservadora que se resista al cambio e impacte negativamente sobre la capacidad competitiva y de innovación de la organización.

El equilibrio entre ambas fuerzas permitirá a las organizaciones alcanzar la eficiencia que las prácticas sociales producen, sin perder la capacidad de innovar y de cambiar, necesarias para sortear este mundo Volátil, Incierto, Complejo y Ambiguo.

Este resumen fue escrito por Alberto Cortés, socio fundador de Vica Consulting.

Bibliografía consultada. Ontología del Lenguaje. Rafael Echeverria. 2002